miércoles, 14 de septiembre de 2011

La iglesia de San Vicente de Corrales de Buelna y la curiosa historia de su Cristo.


La iglesia parroquial de los Corrales de Buelna es un templo de estilo neobarroco o herreriano que fue encargado en el año 1916 por la Condesa de Forjas de Buelna al ilustre arquitecto Leonardo Rucabado. Su construcción se alargó hasta el año 1926 y sus proporciones son considerables y de gran monumentalidad. El retablo mayor de la iglesia es una especie de híbrido. Está dividido en predela , dos niveles y ático y cada uno corresponde a una época diferente. La superior es diferente a las columnas inferiores y éstas a las salomónicas. La fachada es de sillería y su arco de entrada es de medio punto coronada por una hornacina con una imagen del santo. A sus pies tiene una torre de piedra coronada por un balconcillo de piedra y en su lateral resalta un pórtico con columnas clásicas de piedra. Junto a la iglesia se encuentra el edificio que albergaba el asilo de San José. En una zona próxima pueden verse dos de las famosas estelas cántabras que representaban al sol y que datan de la Edad de Bronce.

Pero su obra más relevante es la escultura de bronce de Cristo realizado por Victorio Macho en el año 1926 con sien cadavérica y costillas fuertemente marcadas que se pensó para presidir una de las capillas de la nave lateral. Y sucedió que Victorio Macho para inspirarse se retiró a la soledad de las montañas de Palencia y se dice que estando obsesionado con la anatomía de su cristo más de una vez colgó de una tosca cruz de madera a los pastores del entorno que se prestaron a ello. Se cuenta que eran tan largas las sesiones que alguna vez estuvo a punto de perder la vida alguno de sus modelos cuando, al bajar de la cruz, quedaban desmayados en tierra. Pero esto está en contradicción con el testimonio de un vecino de la localidad que expresaba que el verdadero modelo se llamaba Sabino y era un obrero del campo que fue escogido por el autor por su cuerpo escultural y al que tuvo todo el verano del año 1925 colgado de la cruz horas y horas hasta que los músculos de su cuerpo se distendían para reflejar exactamente los rasgos del cuerpo colgado de la cruz. Cuando se tuvo que bendecir la imagen se invitó al tal Sabino a la ceremonia y el alcalde del pueblo excusó su asistencia por considerarle un hombre rudo y de muy malas maneras. Cuando el arquitecto finalizó su obra, la expuso en su propio estudio con gran éxito recibiendo la visita del rey Alfonso XIII. Pero la infanta Isabel, señalando que la cruz tenía forma de T mayúscula o patibulata, expresó que eran gentes sencillas las que iban a rezar ante esta imagen y no consideraba apropiada esta forma de la cruz haciéndose eco de un clamor popular. Es por ello por lo que se decidió solicitar un informe a un prestigioso crítico de arte que aseguró que esta cruz en forma de T era perfectamente ortodoxa pues era la conocida en las catacumbas y que había ejemplos elocuentes en su favor como eran algunos cristos de Fray Angélico. También se admitió que el Cristo apareciera sin corona de espinas como novedad de la baja Edad Media y sin llaga en el costado que se justificó por haberse querido representar su imagen antes de la lanzada. Todas estas novedades las justificaba el artista para darle un sentido de serenidad opuesta a interpretaciones torturantes de escaso valor artístico y, como el lugar inicialmente destinado a albergar esta imagen era excesivamente luminoso, se decidió colocar en una de las dos sacristías que se transformó finalmente en la capilla donde se venera.