
martes 27 de diciembre de 2011
La Iglesia de San Vicente do Burgo en las tierras gallegas de Lugo.

miércoles 21 de diciembre de 2011
La ermita de San Vicente de Fuentesoto en tierras castellanas de Segovia.

Especial es el hecho de que diez mil velas y antorchas iluminan el recorrido de la «Procesión de los Faroles» de Fuentesoto, donde se ha consolidado esta tradición religiosa en honor a San Vicente. La iniciativa, que organiza la asociación cultural que lleva el nombra del santo, consiste en la celebración de una ceremonia religiosa iluminada exclusivamente por las pequeñas llamas que se colocan en calles, balcones y ventanas de este municipio de 170 habitantes, enclavado en el fondo de un valle de la comarca de la Pedriza. La Procesión de los Faroles transcurre entre la ermita de San Vicente y la iglesia parroquial de San Pedro. Las raíces de este singular desfile se remontan a principios de la década de los 90, cuando la Junta restauró la ermita románica de San Vicente. Los vecinos decidieron entonces comprar una imagen del santo que ahora se sitúa en el altar. Cada año, a mediados de Agosto, la imagen era subida al pueblo, para que estuviera presente durante las fiestas que se celebraban en honor al mártir. Fue entonces cuando a varios vecinos se les ocurrió organizar una procesión nocturna con faroles, concluyendo la comitiva en la iglesia de San Pedro.
viernes 9 de diciembre de 2011
La antigua iglesia de San Vicente de Colmenar del Arroyo en Madrid.

Actualmente, la festividad de San Vicente se vive en Colmenar del Arroyo asociada a la redención que el Santo y el humo de los tomillos ejercieron sobre una peste que afectó gravemente a esta población. Aunque no se ha constatado cronológicamente el hipotético año en que esta epidemia tuvo lugar, la creencia es que, durante un tiempo al atardecer, los vecinos quemaban tomillos y retamas para aliviar el hedor que se había adueñado de las calles. El 22 de enero se celebra una Misa y procesión donde los colmenareños llevan a hombros a San Vicente hasta el punto más alto de la localidad, llamado Alto del Cerrillo. El párroco hace una solemne bendición al pueblo desde ese punto en el que estuvo emplazado el antiguo pueblo que fue sustituido por el actual. Los fastos comienzan la víspera con la quema de tomillos a las puertas de los hogares que previamente habrán sido recogidos en las dehesas del municipio durante la tarde. Durante horas el pueblo se cubre por una agradable neblina con el aroma que desprenden los tomillos al quemarse. Los colmenareños aprovechan así las ascuas que deja la quema de los tomillos para reunirse a su alrededor y acompañarse de familiares y amigos.