domingo 14 de agosto de 2011

La antigua Colegiata de San Vicente de Albelda.


El topónimo de la villa realenga de Albelda proviene del árabe Al Balda que significa “la villa”. Tras la reconquista de Albelda en el año 1083, quizás la iglesia primitiva estuvo en su castillo y ya tenía por titular al mártir San Vicente. Durante la Guerra de la Independencia mostró su valor pues los vecinos se negaron a abandonar a los franceses los enormes tributos arbitrariamente impuestos por el general Habert. Asimismo, es célebre por su castillo cuya fortaleza se hizo popular por haberse prestado al cobijo de guerrilleros, bandoleros, maleantes y traficantes amparados por la familia Gelabert que ostentaba la jurisdicción sobre la villa. Uno de sus más ilustres bandoleros se llamó Miguel Juan Barber e hizo de Albelda su centro de operaciones. Finalmente en el año 1593 el rey Felipe II dio orden de proceder a la demolición del castillo y su destrucción fue muy sonada en toda la corona.

Del templo de San Vicente decir que originariamente fue un ejemplar románico que probablemente estaba situado en la actual calle Mayor. A mediados del siglo XVI se decidió construir la actual iglesia, de considerables mayores dimensiones, y, llevados por sus aspiraciones de grandeza, promovieron el nombramiento de Colegiata comprometiéndose a edificar una iglesia suntuosa y a proveerla de todo lo necesario para su esplendor. A su paso por esta villa en el año 1585, Cock, como cronista de Felipe II dijo “la iglesia de este pueblo es nuevamente fecha de piedra con un campanario dedicada a San Vicente Mártir”. Se nombró Colegiata en el año 1560 por una bula apostólica del Papa Pío IV con su correspondiente cabildo de canónigos, beneficiados y sacerdotes. Su denominación fue “Colegiata insigne del Señor San Vicente” y habiendo sido las gestiones para conseguirlo muy laboriosas pues la minuta de gastos ascendió a 900 libras “por traer presto la bula”. Se trata de un bello ejemplar del gótico aragonés tardío que sigue patrones del gótico mediterráneo y que consta de una nave y bóveda de crucería adornada con preciosos medallones y tiene capillas entre sus contrafuertes. Esta Colegiata fue una de las cuatro que tuvo el obispado de Lérida en la zona oriental de Huesca junto con Roda, Monzón y Tamarite. En el año 1841 fue afectada por la desamortización y en el año 1851 fue suprimida la Colegiata pasando a ser sencillamente parroquia distinguida de su término. Ya con la contienda civil de 1936 desaparecieron muchos de sus tesoros litúrgicos que podían competir con los de algunas catedrales. La actual abadía anexa a la parroquia es un buen ejemplo del estilo arquitectónico aragonés y está construida con ladrillo de los siglos XVII y XVIII con una fachada con arcuaciones en su parte superior. En Albelda, antaño, la víspera de la fiesta se realizaba una mezcla explosiva con maderas, piedras y un detonante que en un momento inesperado provocaba un ruido atronador. Desde hace unos años se celebra la "Festa del Tosino”. Por la mañana hay desayuno con chocolate y pastas. A media mañana se ofrece el almuerzo compuesto por cerdo a la parrilla. Al mediodía la comida consiste en consomé y caldereta de cerdo ya que se matan media docena de tocinos para invitar a los asistentes. Es la fiesta de la matanza por excelencia.

jueves 4 de agosto de 2011

La Iglesia de San Vicente de la Maza en Guriezo.


La iglesia de San Vicente de la Maza se encuentra en Rioseco, muy cerca de El Puente que es la capital de Guriezo, siendo uno de los mejores ejemplos del renacentismo religioso cántabro y es probablemente obra del maestro de cantería Juan de Rasines. Su origen se remonta a un pequeño monasterio dedicado a San Vicente tal y como atestigua Lope García de Salazar, cronista del siglo XV ,en su libro "Bienandanzas y Fortunas": "Del solar de Palacio, allí donde hay las ruinas de una torre viejas y cerca de la iglesia-monasterio de San Vicente de la Maza salen los tres linajes de Guriezo...".

La actual iglesia debió ser levantada hacia 1550, siendo una excelente muestra de las llamadas iglesias columnarias de planta de salón, imponente y con tres naves de la misma altura. El templo fue levantado con unas monumentales proporciones en altura y espacio y proclama la fuerza económica de que gozó el valle. Estilísticamente, muestra características góticas aunque se perciben diversas influencias renacentistas en la ordenación espacial que preludian el clasicismo de la Contrarreforma. En 1650 se terminan los últimos tramos de las naves, diseñados por Martín de Arada, que también realizará ocho años más tarde la excelente portada manierista de la fachada Sur. Este pórtico de imponente altura está formado por un arco sobre la puerta de entrada y la puerta viene adornada con todo un muro trabajado como un espectacular retablo, con cavidades y columnas. A principios del siglo XVIII, entre 1713 y 1721 , Lucas Ortíz de Bohar estaba construyendo la obra del pórtico y la portada Oeste y José de la Arena diseñaba la torre de la iglesia cuya edificación se prolongó hasta 1705. El retablo mayor se realiza entre 1614 y 1639 por García de Arredondo, siendo uno de los retablos más monumentales de la región y ejemplo de obra romanista. Los retablos laterales fueron ejecutados a partir de 1750 por Juan Manuel de Rivas y se relacionan con el estilo rococó. Entre las reformas que ha sufrido el templo destaca la efectuada en 1972 que le ha proporcionado el aspecto actual, la reciente restauración del retablo mayor y la renovación completa de la cubierta en 1996. De su emplazamiento hay que decir que se haya situada en alto sobre un pequeña colina rodeada por un exuberante e imponente encinar relicto. Decir asimismo que fue sede del Cabildo eclesiástico del valle.