miércoles 15 de abril de 2009

Del rastro vicentino y su importancia en las cálidas costas de Cullera.


Uno de los hitos más misteriosos en el periplo de los restos de San Vicente es el de su llegada a las costas de Cullera empujado por las corrientes marinas. Pero ,a pesar de las dudas ,existen varias razones que permiten sostener esta creencia : En primer lugar, la descripción que la Passio hace de este hecho , ya que cuenta que la barca que lo trasladó para hacerlo desaparecer en alta mar pronto dejó la visión de las montañas, refiriéndose sin duda a las de Sagunto que son las que hay al Norte, y Cullera se encuentra en el Sur. En segundo lugar, las derivas de las corrientes de Norte a Sur físicamente permiten la llegada a las playas del Dosel de Cullera de materiales lanzados al mar enfrente del Grao. En tercer lugar, la tradición oral e inmemorial de esta aparición en Cullera y , por último, el miedo que expresaron los que transportaban el cuerpo de traspasar el límite jurisdiccional de Valencia que se encontraba en el río Xúquer. Así ,se afirma que , cuando el cuerpo llega a las inmediaciones de la actual Ermita de la Font Santa , la viuda llamada Jónica y un grupo de cristianos conservaron su cuerpo hasta la paz religiosa de Constantino o la llegada de Teodosio. Esta ermita ,que todos los años era destino de una procesión, sabemos que estuvo dedicada a San Vicente por la escritura de un legado de 1595 hecho por un fiel , por el testimonio hecho en 1767 por el rector de San Juan que habla de que la ermita se llamó de la Font Santa por haber albergado el cuerpo del santo y por las muchas obras de arte pictóricas que muestran el promontorio de Cullera (sinus sucronensis) y que algún autor llega a llamar Golfo de San Vicente como muestra de lo arraigado de esta historia. Por ello ,siguiendo las actas del martirio y el Peristephanon ,concluimos que en el lugar donde llegó el cuerpo se hizo un túmulo o modesta basílica conmemorativa aunque su localización exacta es difícil de determinar. De este lugar no debió quedar rastro a ras de tierra ni memoria de cristianos tras las oleadas de destrucción de Almohades y Almorávides hasta la llegada de Jaume I .
La ermita actual es un oratorio de orientación poniente-levante con muros laterales de metro y medio de ancho sobre un arco de medio cañón con techado de teja moruna y espadaña sobre el arco del portal. Su retablo barroco de madera trabajada es de los pocos que se salvó de la quema general de la guerra civil y de la fuente exterior que debió dar nombre a la Font Santa han desaparecido hasta sus hierros ,aunque se conserva parte del pozo que allí hubo en tiempos con su enigmático interior. Se produjo en un momento posterior el cambio de titularidad de San Vicente por la de San Lorenzo debido a que en época medieval estaba difundida la tradición de colocar a los tres santos diáconos (Esteban, Lorenzo y Vicente ) en un mismo retablo y ,como San Lorenzo quedaba en el centro, acabó siendo la cabeza del altar de muchos templos. Hay que recordar que San Vicente fue el gran mártir de la Iglesia de Occidente , San Lorenzo de la de Roma y San Esteban de la de Oriente. En todo caso la ermita ostentaba una placa con los símbolos vicentinos en el muro que recaía a la carretera que plasmaba en piedra el texto de Aurelio Prudencio donde se narra la llegada del cuerpo de San Vicente a este lugar. Con la actual y exitosa rehabilitación de la ermita dicha placa ha pasado a su interior.
Como refuerzo del argumento de Cullera en la historia vicentina está el deseo plasmado en el epitafio del Obispo Justiniano de Valencia , que data de la segunda mitad del siglo VI , cuando manda construir un complejo religioso que se ha documentado en la punta de L’Illa (Isla de los Pensamientos) de Cullera. Este conjunto estaba compuesto por capilla y monasterio y en ellos se han encontrado numerosas estructuras y elementos litúrgicos cristianos , así como ánforas, cruces de bronce y piedra, ungüentarios y otros restos arqueológicos que prueban esto y que se encuentran en el Museo de Prehistoria de Valencia. Y es que a partir del siglo VI y VII con la pacificación política y social se multiplicó la creación de cenobios monásticos y ,con la conversión de los godos, empezaron a instalarse clérigos en los monasterios como fueron los casos de San Ildefonso y San Fructuoso. Desde aquel momento la expansión demográfica de Cullera fue fulgurante y también su intenso desarrollo y tráfico comercial con el Norte de África que propiciaron almacenes portuarios y una amplia zona de necrópolis. Queremos hacer constar aquí , aunque sólo él la sustenta, la opinión del historiador Mosén Beuter de que el lugar donde el cuerpo de San Vicente llegó fue a la zona de la Creu de la Conca en la pedanía de Pinedo y no a Cullera como hemos relatado.

miércoles 1 de abril de 2009

En memoria de la antigua ermita de San Vicente de la Roqueta y su pasado glorioso.


Mientras prisiones y lugares martiriales del santo se sucedieron en el entorno de la Almoina y la Calle del Mar , el hito del abandono de su cuerpo en el muladar tuvo lugar a las afueras de la ciudad lejos de la muralla romana y en el entorno de actual Plaza de España . Este era un lugar donde existía una roqueta y un humilladero cubierto llamado “Creu del Miracle” y que estaba muy cerca del Monasterio de San Vicente Mártir , lugar que después guardó el sepulcro del Santo. Esa denominación de Roqueta se aplicó tanto a la ermita que se construyó en dicho Muladar en recuerdo del Santo como al antiguo monasterio mencionado.
El origen de esta denominación hay quien piensa que es debido a que fue el lugar donde se le ató al Santo la rueda de molino al cuello. Otros piensan que era debido a una pequeña elevación que se producía en aquel entorno pantanoso en que estaba el lugar ,pero es más comúnmente aceptado que se debió a que en el interior de la ermita existió hasta el siglo XVIII una cueva que bien pudo ser bautizada por el pueblo con este nombre. Sus características constructivas y lo profundo de sus cimientos llevan a pensar que pudo ser un resto anterior a la conquista islámica. La cercanía de la Vía Augusta y la necrópolis paleocristiana del monasterio adjunto vendrían a dar razón a esta teoría y que pudo remontarse a la época visigoda. Es muy posible que en los años posteriores a la conquista de Valencia por Jaime I se levantase algún tipo de construcción en el lugar que bien pudo ser una pequeña ermita similar a las llamadas “iglesias de reconquista”.
Ya a finales del siglo XIV se planteó un edificio acorde con la importancia del lugar que devino en un santuario de planta cuadrada y de carácter gótico levantino llevado a cabo por la Abadía Cisterciense de Poblet y su priorato. Su puerta principal consistía en un arco de medio punto adornado con una moldura y una bóveda estrellada que estaba situada en el centro del camino Real de Játiva. Hasta el siglo XVIII no se hicieron reformas en la ermita gótica y en el año 1738 se arrasó esta junto con la cueva que contenía el “llit de Sant Vicent”, que era una escultura de San Vicente acostado , por ser un obstáculo para la remodelación prevista y pasando a colocarse dicha escultura en una urna acristalada. Asimismo, para asegurar que este nuevo santuario barroco y su espléndido altar estuviesen continuamente cuidados ,se adosó al edificio una vivienda destinada a un ermitaño y que elegía el Prior del Monasterio de San Vicente. Con la invasión francesa de España , las tropas napoleónicas levantaron un campamento en la zona de la Roqueta con pésimas consecuencias para huertos y edificios pues las tropas usaron la carpintería de estos para avivar las hogueras con que cocinaban y calentarse en las bajas temperaturas. Así , fue pasto de las llamas un antiquísimo retablo con episodios del martirio de San Vicente y que se sustituyó por otro retablo al que se añadieron imágenes de San Bernardo de Claraval y San Bernardo de Alcira . En el año 1835 se produjo la ruinosa desamortización de Mendizábal y la extinción de órdenes religiosas que produjo el fin de los más de 500 años de dominio de la abadía de Poblet sobre la Roqueta ,pero la ermita siguió siendo lugar de culto y destino de la romería que tenía lugar en la festividad del Santo con los populares puestos de “porrat. En el año 1935 la Congregación de los Padres Claretianos quiso instalar en Valencia una sede permanente estableciéndose en la ermita y , en el año siguiente con las revueltas de la Guerra Civil , desapareció el “llit de Sant Vicent” junto con el resto de mobiliario e imágenes . Mostramos como curiosidad un fragmento del dedo de la imagen del santo que desapareció y que un feligrés encontró en la calle. No obstante, el edificio no sufrió daños de excesiva consideración como sí sucedió con otros templos de Valencia.
En el año 1947 los Claretianos adquirieron el edificio de viviendas contiguo a la ermita e hicieron lo propio con esta comprándosela al Arzobispado. El propósito de esta adquisición era realizar en su solar la construcción de un nuevo templo que comenzó en 1949 , indignando el derribo de la ermita a numerosos valencianos que veían impotentes tal atropello a la historia. Por último , en el año 1975 , se construyó la actual Parroquia de San Vicente Mártir que sustituía a la parroquia anterior , menos funcional ,y de la que mostramos una lápida que recuerda el 25 aniversario de su ermita a parroquia. Esta conserva una cripta con un altar dedicado y paneles de azulejos que relatan escenas de la vida de San Vicente ( relato de su historia , la orden de retorcerlo en castellano y latín , memoria del lugar donde fue lanzado , y dos paneles con la comparecencia ante Daciano y el martirio de la Almoina ) . También se conserva la escultura barroca que existía y parte del muro de la antigua ermita ... la misma que hoy recordamos con nostalgia.