martes 18 de octubre de 2011

La Iglesia de San Vicente de Villar de Fallaves y su curiosa portada exenta.


La iglesia de San Vicente Mártir de Villar de Fallaves destaca por su gran valor artístico. Construida entre los siglos XIII y XVI, domina en ella el estilo gótico aunque una parte importante de la misma corresponde a la portada, construida ya en el gusto plateresco. Hay que resaltar de esta la Cruz de la Orden de San Juan de Malta, que corona la portada, así como un pretil de claraboyas. Este es su edificio más destacado, con tres naves de ladrillo. El muro sur, el más antiguo, presenta un remate en forma de pretil de claraboyas y unas puertas góticas, en cuyo alto campea la cruz de la orden de San Juan. Los cuerpos altos de la torre contienen parejas de ventanas y coronación de gárgolas, antepecho y candeleros del Renacimiento. También del Renacimiento era la rica techumbre del coro. Pero lo más importante es su retablo mayor, realizado con madera de nogal, que presenta relieves de la Pasión, de los apóstoles, de Moisés y David y de varios santos. La torre se enmarca en el Renacimiento, con refuerzos de columnas en sus esquinas.

La rehabilitación en el año 2006 del edificio, tras el derrumbe que acabó con una buena parte de la misma en los años sesenta, comenzó con el derribo de la nave de uralita construida provisionalmente para sustituir al viejo templo y que presentaba estado de ruina. Así, se cubrió una pequeña parte de lo que fue la antigua iglesia para recuperar la cabecera, la sacristía gótica y la torre. La antigua portada ha quedado fuera del templo para integrarse en el entorno como parte de la plaza, lo que le da un aspecto ciertamente mágico. Adjuntamos una magnífica vista aérea.

martes 4 de octubre de 2011

La Colegiata de Sant Vicenç de Cardona, obra maestra del románico lombardo.


El Monasterio de Canónigos Regulares Agustinianos situado en el Castillo de Cardona acoge a la iglesia de Sant Vicenç como la gran obra maestras del románico lombardo en Cataluña por su grandiosidad y equilibro de espacios, su orden y elegancia y su uniformidad. La iglesia de Sant Vicenç, ya documentada desde el año 980, se amplió y probablemente se reconstruyó alrededor del año 1019 bajo el impulso del vizconde Bermón, que llevó a cabo la reforma de la comunidad de clérigos que residían en la antigua iglesia con la aplicación del orden canonical. La Iglesia fue consagrada en el año 1040 como templo de un monasterio de de una comunidad regida por la regla canónica aquisgranense y ya en el año 1794 es convertida en Colegiata. Se trata de un magnífico templo de 50 metros de longitud y casi 20 metros de ancho y altura con una planta de tres naves de gran verticalidad rematadas en sendos ábsides y un breve crucero que no sobresale en planta. Los citados ábsides además de arcos y lesenas llevan vanos ciegos que hacen más atractiva su visión.

El interior es imponente por el sabio equilibrio de magnitudes y de una austeridad absoluta pues no existe figuración alguna como corresponde al estilo lombardo puro. Los soportes de los arcos formeros de medio punto son pilares cruciformes con pilastras adosadas. Por encima se abren grades vanos de medio punto aprovechando la menos altura de las naves laterales. La nave central se cubre con una espléndida bóveda de medio cañón reforzada por arcos fajones. La vida comunitaria alrededor del templo encabezada por un abad bajo la protección de los señores de Cardona se mantuvo hasta 1592, en que se reformó como colegiata secular. La posterior conversión del castillo en caserna militar obligó a los canónigos al abandono progresivo del recinto conventual hasta que, en el año 1794, se vieron forzados a dejar la iglesia definitivamente, transformándose ésta en almacenes. Fue declarada monumento nacional en el año 1931 y su aspecto actual se debe a la restauración iniciada en el año 1949.