La importancia del Obispo Justiniano en la historia vicentina deriva del fundamental protagonismo que tuvo en la consolidación de la sede valenciana y por lo mucho que tuvo que ver en la difusión del culto vicentino por la gran veneración que sentía por él. Y es que de los tres traslados históricos del cuerpo de San Vicente (La llegada a Cullera, el traslado a San Vicente de La Roqueta y el último traslado en el siglo VI a la entonces sede catedralicia ) el Obispo promovió la última.
Lo cierto es que se ha documentado el complejo episcopal de entonces como un conjunto compuesto por catedral, baptisterio y una capilla funeraria en la parte oriental del ábside de planta de cruz conectada con la catedral de época visigoda por un arco de acceso. Esta capilla fue construida por el Obispo para ser enterrado allí al lado de su venerado mártir (inde ad eclessiam matrem sanctus vincentis consecratur altario) como demuestra su epitafio de tipo laudatorio conservado en un manuscrito del siglo VIII en la Biblioteca Nacional de París. En medio del crucero de la capilla se encuentra una tumba con los restos de un cuerpo de unos 55 años de edad ,que murió sobre el año 560 según la datación radiocarbónica realizada, y que bien podría ser el del Obispo. Tanto el baptisterio como la capilla funeraria aún estaban en pie en el medievo y sobre el brazo norte de esta se construyó una capilla (conocida hoy como cárcel de la Almoina) y de la que ya se hace mención en el “Llibre del Repartiment” cuando figura una donación referida “a unes cases de San Vicent”. Ello prueba que en tiempos de Jaume I no se había perdido memoria de los lugares vicentinos aunque hubiesen sido ya desafectados.
De Justiniano no es mucho lo que se conoce pero si que fue el primero de los Obispos conocido de la sede valenciana , aunque es posible que hubieran otros con anterioridad, que fue nombrado en Toledo por Montano en el año 527 y que data de la primera mitad del siglo VI. También se sabe que celebró un Concilio provincial en Valencia en el año 546 al que asistieron siete Obispos , en época del rey Teodosio, y del cuál se conservan las actas. San Isidoro de Sevilla nos dice que fue un gran instructor de religiosos y que tuvo tres hermanos (Justo, Elpidio y Nebridio) que también fueron obispos de la Tarraconensis en las ciudades de Huesca , Tarrasa y Urgel. Falleció en el año 548 con 50 años de edad. Su figura es el prototipo de los obispos de la época pues perteneció a una gran saga sacerdotal y accedió a la cátedra de Valencia por su rico patrimonio personal que puso a disposición de la Seo y del culto a San Vicente. Así se hizo con el control de las reliquias y del culto martirial que fueron la llave de su poder y prestigio personal. Por otro lado destacó su elocuencia como orador y sus provechosos escritos, que se cree fue Abad de la Roqueta pues en su epitafio se dice que uno de sus grandes méritos fue el de haber servido tan provechosamente allí y que fundó y construyó numerosos monasterios de monjes como el mencionado de Cullera y restauró asimismo antiguos templos. Prueba de ello es la inscripción que se halla en el Museo de San Pío V que habla de la restauración de un templo por Justiniano . Señalar que los restos de San Vicente en la Catedral se alargaron probablemente hasta las persecuciones devastadoras de Abderramán I en el año 778 . El lugar donde fueron después forma parte de las incógnitas de la historia … ¿Lisboa , Castres , Capua ... o nunca salieron de Valencia ?...
Para reforzar la veracidad de determinadas historias provenientes del pasado remoto no hay más remedio muchas veces que investigar en el subsuelo para comprobar los rastros que la tierra compacta ha ido guardando en recuerdo de lo que allí aconteció. Y ,en concreto, las excavaciones realizadas por el SIAM del Ayuntamiento de Valencia en los años 1985 y 1986 en el Convento de las Madres Agustinas que fueron conducidas por la arqueóloga Rafaela Soriano, en pleno centro neurálgico de la Roqueta, tuvieron como objetivo rescatar restos de todas las etapas por las que pasó aquel lugar. Así, en la zona del claustro del Monasterio tardorománico de los siglos XIII y XIV , se documentó en las excavaciones una construcción rectangular que bien pudo ser un aljibe que entró en desuso a finales del siglo XV. Del entorno de la portada tardorománica ,cuyos capiteles reproducen escenas del martirio y que era la puerta de acceso al templo colindante al Monasterio, se sacaron a la luz sendos osarios de los siglos XIV y XV que contenían los restos de multitud de fallecidos. Hay que resaltar que un buen número de ellos tenían lesiones y mutilaciones que hacen suponer que podían provenir de personas que estuvieron en el hospital contiguo fundado por el Rey Jaime I. También de época medieval cristiana aparecieron en la cabecera de la Iglesia varios enterramientos en fosas que carecían de cubierta.
Pero de época islámica aparecieron restos de unos soldados y del claustro medieval , por debajo del cuál aparecieron tres fosas funerarias que recuerdan los ajuares visigodos por el anillo que se encontró y que es similar al de otros enterramientos de este tipo. También apareció una caja de plomo cubierto inicialmente por unas tejas que hacían de tapadera y que había sido saqueado , por lo que carecía de cualquier elemento suntuario y que provenía del periodo romano bajoimperial conteniendo el cuerpo de una mujer de mediana edad. Y es que los enterramientos en este tipo de cajas de plomo son bastante antiguos dentro del mundo romano y pueden incluso no pertenecer a la época cristiana. Todos estos datos confirman que aquí pudo estar ubicada la Basílica funeraria de San Vicente por tratarse de un complejo funerario paleocristiano y visigodo que databa del S.IV y por existir en la época la costumbre de enterrarse en lugares asociados a los santos. Esto deja abierta la posibilidad de nuevas catas aunque la voluntad política de profundizar en el estudio del entorno de la Roqueta siempre fue muy escasa por parte de nuestras autoridades. No obstante , el reputado radiestesista y Canónigo Félix Gómez Muñoz, conocido por haber descubierto los restos del Beato Sicluna , realizó una excavación en la Roqueta desde Mayo a Diciembre del año 2002 para intentar encontrar los restos del santo en una profundidad de 4,20 metros. Esta labor le fue encargada por la siempre activa Rosa Araixa y su marido Ricardo Aguilar y el cuerpo que se encontró no se correspondía con el santo y por ello cesaron dichas excavaciones aunque el Padre Félix mantenía su entusiasta y firme creencia de que allí se hallaba el cuerpo buscado . Y es que a principios del S.XVIII se conoce un lugar específico del sepulcro del santo que fue derruido a principios de 1700 para ampliar la antigua Via Augusta con lo que el martyrium constantiniano y los restos de su enterramiento estarían bajo el asfalto de la calle de San Vicente.Asimismo , tampoco sería de extrañar que las obras del metro suburbano en la Plaza de España hubiesen arrasado cualquier resto de lo que pudo ser el sepulcro de San Vicente en el subsuelo del ábside.
Por otro lado , en las excavaciones de la Almoina , en el lado oriental del foro romano, también se sacaron a la luz restos del llamado por los arqueólogos “martyrium” de San Vicente, que es un ábside de herradura construido a finales del siglo VI y edificado sobre el calabozo donde estuvo preso el santo .Este debió ser un edificio público romano que se articulaba alrededor de un patio con estanque y con una zona cerrada a modo de cárcel custodiada . En esta zona del edificio de han hallado instrumentos litúrgicos del primer cristianismo lo que indica que se convirtió en una zona sagrada que bien pudo originarse al calor del martirio de Vicente. Y también en el entorno de la Capilla Cárcel de la calle del Mar existió una necrópolis en la que se excavaron y catalogaron tumbas visigodas de carácter colectivo pues casi todo el trazado de la Vía Augusta en la ciudad de Valencia es propicio para estos y otros hallazgos. Este lugar se sitúa en la zona donde se situaba el antiguo Pretorio romano por haberse encontrado , entre otros motivos , restos de la época romana.